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Historia de la ciudad. Parte V

Los medios de transporte que utilizaban en aquella época.

El transporte público de pasajeros que utilizaban los habitantes del Pueblo Paganini a partir de la fundación del mismo, era en exclusividad por medio del ferrocarril Central Argentino de capitales británicos, cumplía un servicio eficiente entre las ciudades de Rosario, San Lorenzo, Gálvez, Sunchales etc. La estación local, construida en 1886 en terrenos donados a la empresa FCC. Bs As posteriormente FCCA por el propietario de estas tierras Escribano Lisandro Paganini, actual casa de la cultura; era el micro centro del incipiente Pueblo, a través de los años llegó a tener un febril movimiento diario, con trenes que llegaban y partían hacia sus destinos, desde el andén de la vía principal y las dos secundarias, con galpones para depósito de mercaderías y amplia playa para el removido de productos agrícolas, como el trigo, elemento base para la producción del molino harinero “San Miguel” que existió hasta mediados de la década del 40 frente a la estación en el Barrio que hoy lleva su nombre, también llegaban por dicho medio los cueros utilizados por la “curtiembre de Quintana” ubicada también en el sector aledaño al molino, a través del tiempo se fue incorporando las cargas de fardos de paja de trigo, sal y sulfato, que a partir de los años 40 cargaban de los vagones una decena de camiones locales con destino a Celulosa Argentina, Sulfacid y otras. 
 
Los pasajeros, estudiantes, comerciantes, tenían la posibilidad de utilizar dicho servicio denominado “local” que resultaba económico, cómodo y rápido en variados horarios durante el día que comenzaba a las 6 de la mañana, continuando a las 7, 8 , 11 , 12 , 13 y 14 horas con regresos y salidas a las 17 y 18 de la tarde. 
 
Dichos trenes, compuesto de máquina a vapor, 2 y 3 vagones, realizaba su primera parada en la estación Sarratea de Alberdi, en la estación Arroyito, en la “parada” Castellanos (hoy travesía y Av. Alberdi), posteriormente en Rosario Norte finalizando en estación Rosario Central de Corrientes y Wheelwright. 
 
En su trayecto diario y a través del tiempo, ocurrieron lamentables accidentes en los distintos “pasos a nivel”, pero uno de los primeros, tocó muy de cerca a una familia pionera entre los habitantes del entonces “ joven” Pueblo Paganini; fue que una mañana del año 1.897, Don Juan Orsetti, asciende a uno de los dos trenes de pasajeros que estaban estacionados en sus respectivas vías, frente de la estación local, con intención de viajar hacia Rosario, pero equivoca de tren y parte con el que tenía destino a San Lorenzo, apresuradamente corre por el pasillo del vagón hacia la puerta y tratar de descender cuando ya la formación estaba llegando al cruce del Pasaje Obligado, el guarda trata de retenerlo para evitar lo que luego sería fatal para Orsetti, al caer pierde la vida cuando solo contaba con 45 años de edad. 
 
Una calle importante de nuestra ciudad lo recuerda, llevando su nombre. 
 
Este desgraciado suceso fue relatado hace algunos años por su nieto Armando, en una visita que realicé en su domicilio de la Ciudad de Rosario. 
 
En forma paralela al ferrocarril, también se fue sumando el servicio de ómnibus y colectivos por el nuevo camino pavimentado (ruta 11), a partir de la década del 30, con viajes de Rosario- Santa Feb de la empresa T.A.T.A.,eran pequeños colectivos de color verde que transportaba solo 16 pasajeros en un viaje de 2,45 hs. directo, con una sola parada en Barrancas, 
 
Otra empresa con el mismo recorrido era El Rápido con la tradicional figura de un perro “galgo” a su costado; y llegan las empresas interurbanas a mediados de los años 30, con la “ 9 de Julio”, coches de color azul y blanco, importados de marcas Chevrolet e Internacional en su mayoría, realizando viajes desde Plaza Santa Rosa (Sarmiento) a Puerto San Martín. 
 
El parque automotor aumenta principios de los años 40 con las empresas Gral. San Martín, Puerto San Martín y posteriormente Argentina de Servicios Públicos. 
 
En el año 1945 la línea 9 de Julio presenta al servicio público un ómnibus que atraía la atención de los usuarios, llamado “el gusano”, era una unidad de largas dimensiones(casi el doble de los ómnibus de esa época), giraba como un semirremolque, pues la cabina del conductor estaba dispuesta separada del pasaje y tenía 3 puertas en el lateral derecho para el ascenso y descenso de pasajeros, por supuesto que contaba como todos los medios de transportes con un guarda uniformado, además de reunir un confort admirable con asientos mullidos revestidos en cuero. 
 
Recuerdo que en tantas ocasiones dejábamos pasar ex profeso otras unidades, esperando el paso de “el gusano” que nos trasladara a otras localidades, y así experimentar sensaciones nuevas, tan escasas en esa época. A los pocos años este súper-ómnibus dejó de circular por el inconveniente que ocasionaba poder girar en las esquinas de las estrechas calles Rosarinas. 
 
Un párrafo aparte merece recordar el traslado de pasajeros al Cementerio local, que se efectuaba en los inicios de la década del 40 con un carruaje denominado BREAK(decíamos breque), compuesto de 4 ruedas tirado por 2 caballos, cubierto con capota de lona, transportando hasta 6 pasajeros. 
 
El “coche” paraba en la esquina de calle Belgrano y ruta 11(Av.S. Martín),frente al bar atendido por la familia Barzante. Don Cruz Ludueña, un característico vecino “criollo” que habitaba en Barrio El Paraíso, era el conductor y propietario del carruaje, cumpliendo además funciones de policía en la primitiva Comisaría “32”. Tiempo después se sumó otro medio de transporte similar a cargo de un vecino muy conocido como fue Don Elías Playa, así, por pocas monedas, estos vehículos brindaban un servicio útil a las personas que arribaban a la parada de ómnibus desde Rosario para llegar al cementerio, recorriendo cerca de dos kilómetros de distancia a través del largo y polvoriento camino . 
 
Al trasponer las vías del ferrocarril, se mostraba como un paisaje suburbano, el tambo que pertenecía a Don Ignacio Biscarguénaga ( hoy la planta industrial de John Deere), que abastecía diariamente de gran cantidad de leche a la zona; Don Ignacio, ciudadano vasco, era muy apreciado por los vecinos de Paganini, fue electo como miembro de la Comisión de Fomento junto a Don Juan Secco y Luis Bianchi para el período de los años 1938-1939. 
 
Continuando el viaje, la vista nos mostraba del lado norte del camino, varios hornos de ladrillos, como el que explotaba la familia Borguini, de los hermanos Barbiera y otros, elevándose por detrás la figura blanca del edificio del Molino Harinero San Miguel (de allí la denominación del barrio). Propietaria del establecimiento era la firma Remonda-Monserrat de Rosario. 
 
En años posteriores de la implementación de los primeros servicios de transporte de carruajes al cementerio, debido al incremento de más pasajeros, se fueron sumando nuevos y pintorescos vehículos automotores, como el Ford T del Sr. Bournet, otro similar del Sr. Gianelli, el Ford A taxi perteneciente al Sr. A. Pérez, y el “súper auto” negro taxi que conducía Don Enrique Storani. 
 
En la década de los años 50 se conformó una sociedad local, creando la primer Empresa de ómnibus llamada “ El Libertador”, que a través de una concesión provincial tenía su itinerario desde el cementerio hasta la parada de tranvías N° 5 y 25 de la calle Martín Fierro en “La Florida”, Rosario. 
 
Esta feliz y progresista idea la concretaron los vecinos López (coco), García ,Osvaldo “micha” Cassale y otros que se fueron incorporando a dicha empresa. Tal concesión era de un valor incalculable en beneficio de los habitantes de nuestro Pueblo, porque podíamos llegar a Rosario por medio de un transporte local, sin depender de las empresas interurbanas como ocurre en la actualidad. 
 
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