Municipalidad de Baigorria
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Los carnavales de los años 50 en Baigorria

Raúl Zavattero cuenta la historia de un fenómeno popular

 Los tradicionales festejos del carnaval, regularmente se realizaban durante tres días, y los bailes populares solían programarse, extendiéndose al fin de semana siguiente. En dichas jornadas era común ver por las calles en tardes calurosas, grupos de chicos y jóvenes ataviados con ropas y calzado en desusos, evidentemente no propios, con talles de sus mayores, con “caretas”, antifáz o pintarrajados, en pequeños grupos formando la “murga”, y recorriendo las calientes y polvorientas calles tratando de lograr el premio de una moneda o una gaseosa de parte de los vecinos, y saciar la sed ocasionada por la alta temperatura, multiplicada por el atuendo y las caretas. El agua era el elemento usado como base en la diversión, juego y alegría del “carnaval”, entre hombres y mujeres que ocasionaba corridas, caídas y mucho bullicio ante los “baldazos” del fresco líquido elemento, que extraíamos del “pozo” de 22 metros de profundidad a través del balde, soga y roldana (lejos aún del agua en red) alterando el habitual silencio y paz en horas de la “siesta” en distintos sectores del Pueblo. Allá por fines de la década de los años 50 y comienzos del 60, dos instituciones sociales se turnaban en la realización de los bailes populares en carnaval, al finalizar los “corsos”, el decano Sportivo Paganini Alumni y el nuevo club Granadero Baigorria, este último con sede en calle Belgrano al 100 con pista y amplio salón metálico (adquirido a la empresa ferroviaria del entonces FF.CC. Bartolomé Mitre) gestión de un activo y recordado vecino, Don Félix Montironi. Los disfraces de todo tipo y colorido atraían la atención de los concurrentes, esmerándose los participantes en presentar figuras atrayentes y novedosas como la caracterización del oso, la cebra (entre dos), las odaliscas o los personajes de Disney, otros optaban en grupos de jóvenes, realizar “sketch”(sainetes) en la pista central teatralizando casamientos, circos, imaginación y creatividad con humor y sana alegría. La concurrencia se repetía noche tras noche, con un final de fiesta brillante, premiando los mejores disfraces, concurrentes a la serie de bailes. Los pomos de agua, el papel picado y serpentinas pasaban rápidamente de los quioscos del club a las manos de los alegres concurrentes, mientras en el escenario los conjuntos orquestales (siempre dos, por disposición del gremio de músicos) armonizaban las notas musicales de moda, para el lucimiento de las parejas de baile. Esta era la ocasión y el momento para que los indecisos jóvenes que gustaban de la danza, y aún no se habían “animado”a bailar en público, se “largaran” a la pista, y se comentaba que…“en carnaval todo vale”. 
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